sábado, 25 de abril de 2009

María

María llevaba toda su vida imaginándose como sería su boda, soñando con ese momento. En que lugar lo celebraría, en una pequeña iglesia, en medio de un bosque, o en una playa. Pensaba en el menú que ofrecería a sus invitados, quienes serían estos, como lo celebrarían, imaginaba un gran baile. Soñaba con las flores, el velo, los zapatos que llevaría, el vestido, el ansiado vestido, que en su imaginario iba cambiado según cambiaba la moda, pero sí se imaginaba de blanco inmaculado, del brazo de su padre, rodeada de su familia, y feliz, muy feliz y radiante en su gran día.
Pensaba en la romántica noche de bodas que pasaría en la suite del lujoso hotel. Imaginaba una dulce luna de miel en una playa desierta y paradísiaca, o bien, en un tranquilo y pequeño hotelito alejado del mundo.
Siempre se imaginó todo esto al lado de su príncipe azul. Pero el tiempo pasaba y lo más importante no llegaba, no lo encontraba, la persona con que siempre había soñado compartir todo esto, su príncipe azul. tuvo varios romances, pero todos malogrados, o bien no le querían como María necesitaba y merecía, o bien ella no les quería, no le llenaban...
María soñaba y soñaba, seguía soñando con su gran día, con su príncipe azul, pero estaba tan preocupada de soñar que se olvidó de vivir, de vivir y encontrar así lo que necesitaba para ser feliz.