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domingo, 14 de marzo de 2010

Julia [ VIII]

Pocos días después del episodio del ascensor, después de comer, Julia se cruzó casualmente con él. Al salir del baño de repente lo vió, originándole un leve sobresalto. Julia le saludó muy correctamente, y rápidamente volvió a su sitio. Se avergonzaba por lo sucedido días atrás en el ascensor y no se atrevió a articular palabra.
Pero más tarde pensó, que hubiera sido la excusa perfecta para inciar una conversación, pero había dejado pasar el tren de esa oportunidad, otra vez será, se dijo.

viernes, 5 de marzo de 2010

Julia [ VII ]

Julia sigue arreglándose por las mañanas, combinando en color los vestidos con las chaquetas y pañuelos, pintándose el ojo y dándose rubor en las mejillas. Porque yo lo valgo, se dice a sí misma mirándose al espejo. Se repite una y otra vez, que ya ha perdido la esperanza de algún acercamiento, ha pasado demasiado tiempo y sigue sin pasar nada, vuelve a repetirse.

En el fondo se engaña y sigue tan coladita por él como el primer día que lo pensó. Pero aún así vuelve a decirse que no, que ya no le gusta, que tiene que dejar de pensar en él, y que no puede permitirse fantasear con él, Cuando alguien no te gusta, no fantaseas con él!!. Se autoengaña. Aunque ya tiene muchas costumbres adquiridas que hace sin pensar, como una autómata, sólamente para encontrarse con él.

Aquel día llevaba ese vestidito granate que tanto le gusta, y se le ciñe al cuerpo como un guante de piel marcando las curvas que le averguenzan un poco. Llamó al ascensor para subirle a su jefe aquellos informes que necesitaban, cuando al abrirse las puertas, oh, sorpresa! estaba lleno, y una de esas personas era él. Nerviosa, se metió y acurrucó en un rinconcito intentándo pasar desapercibida. Cuándo de repente empezó a sonar una alarma muy escándalosa y una voz que ritmicamente repetía un protocolo. Juana se asustó mucho, no sabía que pasaba, no entendía nada, y menos cuando vio como sus compañeros, muy tranquilos y divertidos empezaron a reirse. Y entonces comprendió que había sido ella, bueno más bien, sus curvas traseras las que habían activado el botón de emergencia. Muy abochornada, nerviosa y asustada sólo veía una sucesión de imágenes rídicula: los bomberos llegando apurados para descubrir que no había nadie atrapado en un ascensor, sólo una falsa alarma provocada por unas nalgas femeninas, con las consecuentes risitas y mofas a las que se vería sometida. La policía también llegando para socorrer y encontrándose con dicho pastel. Su jefe enfadadísimo por todo áquel guirigay que había montado sólo por subirle aquellos malditos informes!!! Dando a entender que era una inútil.
Pero nada de eso ocurrió, sus compañeros muy divertidos salieron del ascensor y Julia subió a la siguiente planta a entregarle al jefe los susodichos informes. No fueron los bomberos, ni la policia, ni su jefe le reprimió, ni le llamó inútil.

Volvió a su sitio, esta vez bajo por las escaleras, frente al ordenador respiró hondo y esbozó una sonrisilla.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Julia [ VI ]

Su nombre es uno de los más comunes, no se había dado cuenta hasta entonces, hasta que se fijó en él, hasta que la obsesión por él empezó a ocupar casi todos los planos de su vida. No se dio cuenta de lo común que era su nombre hasta que quiso olvidarle, pero era imposible. Su nombre siempre resonaba por algún lado, en la televisión era incontable, infinitas veces podía ver su nombre, el director de la película, o el guionista, o el regidor, o varios o todos tenían el mismo nombre... era insufrible, pues cuando se hacía fuerte entonces veía y oía su nombre por todos lados. Eso sin contar con sus amistades: más de uno con ese nombre, sus familiares, varios llevaban su nombre, sus conocidos, amigos de amigos, personajes famosos, gente con la que tenía que hablar en alguna que otra ocasión, por trabajo o diversas circunstancias. La lista era interminable, tan interminable como la locura que empezaba a sentir, la lucha interna por olvidarle o caer rendida a sus pies derretida cual mantequilla en el desierto de sáhara, cada vez que oía su nombre aunque no se refiriese a él.

Así es imposible, no podría tener un nombre raro, estrambótico, estrafalario, inverosímil, ridículo, que no hiciera recordarle cada medio minuto!!! Se lamenta la pobre Julia, mientras lee quien es el autor del artículo que acaba de leer.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Julia*****

-Hola, ¿qué tal?
-Hola.
Julia no lo podía creer, le había preguntado que tal? Le había preguntado a ella, le había dicho a ella algo más que el simple Hola de rutina!!!. Y esta vez ella era que no decía más que hola.
No le importaba, él ya no le importaba.
O eso creía

martes, 29 de septiembre de 2009

Julia****

Volvió a casa. Subió los 5 pisos por las bonitas escaleras de madera con barandilla de forja. A ella no le importaba no tener ascensor (salvo cuando venía muy cargada de la compra o cansada de un largo viaje). Entro en su casa, se descalzó, se cambió de ropa, se puso cómoda con unos leggins viejos y una camiseta grande, abrió la nevera y cogió la tarrina de helado de un litro, de Carte D'OR de chocolate con pepitas de chocolate (chocolatazo!) que había comprado el día anterior. Se metió en el sofá frente al televisor mientras pensaba que era una chocolateadicta y una teleadicta. No le importaba, o eso pensaba en ese momento. No le importaba estar sola en casa, con su helado y su tele estaba feliz, o tal vez no.

De repente pensó en él, el único el inigualable, el inalcanzable, el hombre por el que suspiraba, el hombre con el que soñaba despierta, y dormida. Y se enfadó, de repente se enfado, se enfadó mucho con ella misma. Se enfadó por pensarle, por soñarle. Recordó el breve encuentro en el ascensor aquella tarde, cuando salían de trabajar. La sonrisa, el discreto saludo. Como siempre. Pero nada más. Se sentía cansada, cansada de soñar, de esperar, de esperar para nada, de esperar nada. Pensó en los 4 años que llevaba trabajando en aquella empresa, en los 4 años que él no mostró más que correcta amabilidad cuando coincidían, no le mostró más interés que cualquier otro compañero de trabajo, y ella coladita por él, pensando que era el hombre de su vida, pero que él todavía no se había dado cuenta, tonta, se decía. Buscando cualquier escusa tonta para pasar frente a él.

-Pero hasta aquí hemos llegado, se dijo mientas no paraba de comer helado. Sí en 4 años no pasó nunca nada más que lo correctamente "normal", sí en este tiempo no ha pasado nada extraordinario por qué pasaría ahora, o dentro de unos días, o unas semanas, o unos meses? No. Hasta aquí hemos llegado!!! Se acabó!!, gritó en alto un poco embriagada y envalentonada por el helado de chocolate. Se juró y perjuró que no volvería a pensar en él, a soñar con él, que no volvería hacer ninguna tontería por intentar verle, que no inventaría conversaciones ridículas que nunca sucedían ni sucederían.

Dejó un poquito del helado de chocolate, casi lo acaba, pero su conciencia no se lo permitió, al menos dejar un poquito y verlo al día siguiente le haría sentir mejor. Se preparó un té, y buscó una peli en su ordenador. Después de ver Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet, se fue a dormir, segura de sí misma y de sus nuevos pensamientos.

O tal vez no.




domingo, 20 de septiembre de 2009

Julia***

Julia se pasa las horas muertas mirando su foto, estudiando cada milímetro de su cara, analizando cada poro. Se queda embobada mirando su pelo, sus ojos, su boca, su sonrisa, sus lunares-pues ya ha observado que tiene varios-, su barba, sus manos.
Y vuelta a empezar, sus ojos, su pelo, su boca, sus sonrisa, sus lunares, su barba, sus manos...
Y así horas y horas, no le importa que pase el tiempo, no se da cuenta que pasa el tiempo, para ella es como si se parase el mundo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Julia**

Todos los días sigue el mismo ritual. Se levanta temprano a las 7:20. Se despereza, se lava la cara, se prepara el desayuno, un café bien cargado con unas tostadas o un bollo de chocolate de su pastelería favorita, y un zumo de piña. Después de va al baño y se mete en la ducha. Se lava minuciosamente todo el cuerpo, se enjabona y desenjabona. Cuando sale se embadurna todo el cuerpo con sus cremas, para los pies, para el cuerpo, para el contorno de ojos, para la cara. Se peina, se perfuma y va a vestirse. Piensa muy bien que ponerse, combina los colores, formas, de las faldas, vestidos, blusas, vaqueros, pantalones, con tacones, botas , o zapatos planos y los diversos complementos, pulseras, pendientes, anillos, collares. Todo tiene su sentido para ella, no deja nada al azar, aunque quiera aparentarlo. Ultimamente se maquilla ligeramente, para ocultar las ojeras, para resaltar los ojos, los labios, le gusta echarse colorete.
Se mira en el espejo por última vez antes de salir, coge su bolso (previamente pensado para le combine con todo lo anterior) y se marcha con una sonrisa en la boca.

Se va contenta, imaginando un encuentro casual, fortuito, seguido de una animada conversación.

Llega a su oficina, se sienta delante del ordenador, y trabaja durante 8 horas seguidas, restando la hora de rigor de la comida. Hasta que llega la hora de marcharse a casa, que vuelve despacio, dando un paseo.

Pero nunca le ve, no se cruza con él, ya no coinciden ni en el ascensor, ni en el comedor, ni en el pasillo, ni en la escalera.

Llega a casa, se quita todo lo que tanto primor se puso por la mañana, y piensa enfadada que no se va volver arreglar, que ya no le importa, que tal vez así, le vea.

jueves, 11 de junio de 2009

Julia*

Yo la vi. Los ojos le brillaban más de lo normal y no paraba de canturrear. Aquel día cruzaron más de las dos palabras oficiales, se dijeron algo más que hola, algo más que el saludo formal y cordial que acostumbraban. Hablaron, simplemente eso. Y Julia andaba loca de contenta. Ella le ayudó a mandar unas cartas, él le pregunto si le gustaba el jazz, a lo que ella contestó con un simple y escueto - sí, arrepintiéndose luego de no haberle preguntado sí también le gustaba jazz, o cualquier otra cosa. Pero no le importaba, estaba como en una nube. Ya había dado un primer paso, habían hablado y podía volver a ocurrir cualquier otro día.

domingo, 7 de junio de 2009

Julia

Se cruzan en la escalera, se saludan tímidamente, a ella su voz le suena música celestial. Otro día comparten ascensor, cruzan las miradas, se saludan con los ojos.
Julia está coladita por él, y no sabe que hacer para acercarse a él. Piensa que él no se fija en ella, que él no puede ver nada en ella, cree que no hay nada que le pueda interesar de ella.
El día que le ve no puede dejar de pensar en él, y sólo con verle, aunque sea un minuto, está contenta. Julia no sabe que hacer para frenar lo que siente, para no pensar en él, en alguien del que sólo conoce su voz.