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lunes, 25 de octubre de 2010

Valentina ***

Cuando las lágrimas le dejaron ver, pudo empezar a guardar su vida en cajas, intentando que las lágrimas no volvieran a cegarle y le dejaran terminar de embalar sus últimos cinco años y reducirlos a unas cuantas cajas, quince, para ser exactos.
Pero de eso ya no se acordaba, poco a poco fue haciéndose otros hábitos, se fue a otra casita, muy pequeñita para ella sola, se compró unas sábanas nuevas, una colcha nueva, una mantita nueva, unos cojines nuevos y coloridos que le dieran alegría, desenrolló antiguas láminas que había ido comprando en sus viajes y nunca utilizó, algunos recuerdos de su juventud y adolescencia los fue colgando en estratégicos sitios, y así poco a poco se fue haciendo un nuevo espacio, su espacio, para ella sola sin compartir, y dejó de añorar su antiguo espacio al que había alimentado durante cinco años.
Al principio no tenía ni ganas de salir, tampoco sabía con quién hacerlo, se estaba acostumbrando a su nueva vida, y todavía muchas noches se limpiaba el alma.
El primer día que llegó a esta nueva casita, cuando se quedó sola con sus quince cajas alrededor, buscó la ventana, se asomó, y unas lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas, producto de la añoranza, la tristeza,  la alegría, y la esperanza.

lunes, 5 de octubre de 2009

Valentina**

Valentina le hizo honor a su nombre, lo pensó varias veces, respiró hondo, volvió a vacilar, volvió a respirar hondo, se armó de valor y le dijo que ya no le quería, que ya no estaba enamorada de él. Pero luego no paró de llorar, pasó dos días enteros llorando como una magdalena.

domingo, 21 de junio de 2009

Valentina *

Para ella era casi un ritual. Todas las noches, Valentina, se asomaba a la ventana respirar el fresco aire de la noche, a veces caluroso, como los días, y le gustaba sentir la tranquilidad de la noche. Solía reflexionar sobre lo acontecido en el día, buscar errores, para no volver a cometerlos, al menos intentarlo, tenerlo en cuenta.
Pero últimamente no paraba de dar vueltas sobre toda su dilata vida, sobre todo lo que había hecho, y lo que no. Sentía que su vida era una farsa, de puertas para fuera parecía muy bonita e idílica, pero ella no lo sentía así. De puertas para dentro era otra historia.
Llevaba cinco años compartiendo su vida, día a día, con una persona, su compañero, su pareja. Pero ahora, en el silencio de la noche veía, sentía que había escapado de casa de sus padres, con tanta ansía, que tal vez, no fuera la persona adecuada. Era una equivocación más a añadir a la interminable lista de errores cometidos. Y entonces las lágrimas no paraban de resbalar por las mejillas. Llorando intentaba limpiarse el alma.

lunes, 15 de junio de 2009

Valentina

Se asomó a la ventana, a respirar el fresco aire de la noche tras un día muy caluroso, regado con la lluvia que dejó el bochorno.
Se acordó cuando tiempo atrás también se asomó a la ventana, a otra ventana, en otro país, y vio cómo habían cambiado sus sentimientos, como habían mudado, e irremediablemente se sentía mal, muy mal. Tal vez culpable. Pero cada vez la situación se hacía más pesada, más insostenible. Y al final siempre le quedaba un poso de tristeza.