Últimamente no escribo, no. Las Musas cada vez están más lejos, yo las busco, las llamo, pero entre lo atareada que ando últimante, lo que menos me apetece es seguir delante del ordenador, como hoy, que he agotado toda la inspiración para temas profesionales y sólo me apetece escapar de aquí, y adentrarme en la fría y gélida tarde, noche ya. Me voy a sentir como se me congelan la cara y las manos, luego vuelvo, no sé cuando, pero vuelvo.
martes, 30 de noviembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Otoño
Coimbra, 2010
Imágenes como éstas son las que deja el Otoño, parques cubiertos de hojas que invitan a pasear cuando sale un rayo de sol, inundándolo todo de un precioso y brillante amarillo.
martes, 23 de noviembre de 2010
Olvido
No, no fumo. No fumo a diario, sólo fumo cuando salgo los fines de semana y fiestas de guardar, soy una fumadora social. La verdad es que esta teoría ya no me la creo ni yo. Después de estar unos tres años prácticamente sin fumar, de un año a esta parte estoy volviendo a fumar con asiduidad. Me gustaría olvidarme de fumar, de fumar y tantas otras cosas me gustaría olvidar, pero no la verdad es que me cuesta mucho olvidar, y ya me gustaría hacer honor a mi nombre, pero parece que me lo pusieron inversamente proporcional a mis aptitudes, y a mi actitudes también, por qué no?
En mi vida hay muchas cosas que me gustaría olvidar, pero contrariamente me acuerdo prácticamente todos los días, ¿cómo hacer para olvidar? ¿por donde empezar? ¿por cuál empezar? Esta es la razón que me ha movido a escribir, a escribir lo que quiero olvidar, sé que esto puede resultar cuanto menos extraño, escribir para recordar lo que se quiere olvidar, a ver si así surge el efecto contrario. Por tanto voy a intentar vomitarlo, para olvidar lo que duele la mejor terapia es contarlo, al menos esos dicen.
Aunque no sé por donde ni cómo empezar, empezaré por el principio. Olvido, me llamo Olvido, pero no sé olvidar.
En mi vida hay muchas cosas que me gustaría olvidar, pero contrariamente me acuerdo prácticamente todos los días, ¿cómo hacer para olvidar? ¿por donde empezar? ¿por cuál empezar? Esta es la razón que me ha movido a escribir, a escribir lo que quiero olvidar, sé que esto puede resultar cuanto menos extraño, escribir para recordar lo que se quiere olvidar, a ver si así surge el efecto contrario. Por tanto voy a intentar vomitarlo, para olvidar lo que duele la mejor terapia es contarlo, al menos esos dicen.
Aunque no sé por donde ni cómo empezar, empezaré por el principio. Olvido, me llamo Olvido, pero no sé olvidar.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Sugerencias
Porque el frío está llegando, las nieves a punto de caer y mis pies estarían muy calentitos y elegantes aquí dentro, además la época de luces y regalos también se está acercando, acepto regalos como estos botines que os sugiero, no son muy caros, gasto un 38, gracias.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Me gustaría tener una amiga
Me gustaría tener una amiga
que se llamase Tenta.
Y estar siempre conTenta.
Gloria Fuertes
que se llamase Tenta.
Y estar siempre conTenta.
Gloria Fuertes
sábado, 13 de noviembre de 2010
De cuernos y bollos
Soy muy golosa, siempre lo he sido. Tenía unos doce años y mi madre me mandó al mercado no recuerdo a comprar qué. Como me sobraba algo de dinero, al pasar por el puesto del pan, bollería y otros dulces, me paré frente al mostrador y buscando que dulce o bollo (con chocolate) llevarme a la boca, le pregunté alegremente a la señorita que allí atendía:
-¿Perdona, tienes cuernos?
-¡Puess no lo sé, pero espero que no!.
Yo no me había dado cuenta de la connotación que tenía mi pregunta, claro, hasta que ella me respondió aquello con cierta sorna. Sentí tal vergüenza y humillación que ya no oía lo que me decía. La simpática dependienta al ver como había cambiado mi expresión y me habían subido los colores como sube el mercurio a cuarenta grados, me dijo que me había gastado una broma y que sí tenían bollos rellenos de chocolate. Le pagué y me fui de allí prácticamente corriendo, me senté en un banco del parque vecino con mi cuerno de chocolate, y me lo comí con tal ansiedad que parecía que hubiera cometido un delito y quisiera borrar rápidamente las huellas del crimen.
-¿Perdona, tienes cuernos?
-¡Puess no lo sé, pero espero que no!.
Yo no me había dado cuenta de la connotación que tenía mi pregunta, claro, hasta que ella me respondió aquello con cierta sorna. Sentí tal vergüenza y humillación que ya no oía lo que me decía. La simpática dependienta al ver como había cambiado mi expresión y me habían subido los colores como sube el mercurio a cuarenta grados, me dijo que me había gastado una broma y que sí tenían bollos rellenos de chocolate. Le pagué y me fui de allí prácticamente corriendo, me senté en un banco del parque vecino con mi cuerno de chocolate, y me lo comí con tal ansiedad que parecía que hubiera cometido un delito y quisiera borrar rápidamente las huellas del crimen.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Educación
Sé que estoy muy quejica últimamente, pero no lo puedo evitar, y mejor soltar aquí mis demonios que a la cara de alguien, aunque muchas veces lo merecieran. No entiendo como si alguien no está interesado en oír determinada charla, conferencia, ponencia, discurso o cualquier exposición oral, y más si es de carácter serio, científico y divulgativo, puede entrar y dedicarse a hablar con el compañero, hacer gracias, chistes o comentarios de cualquier otra índole, molestando a todos los que están alrededor como si tal cosa, como si no molestaran. No lo entiendo, no lo puedo entender, señores, si no le interesa, quedense fuera por favor.
Y tampoco estiren sus hastiados músculos y huesos en mitad de una de estas charlas.
martes, 2 de noviembre de 2010
Habían pasado ya dos años, pero ella no lo había olvidado, como iba a olvidarlo! Esas cosas no se olvidan tan fácilmente, me atrevería a decir que esas cosas no se olvidan. Y allí estaba ella, al pie de la sencilla lápida donde yacía su amor, desde primera hora de la mañana, saludando a la familia cercana, lejana, amistades que allí se acercaban. Ni siquiera se marchó a la hora de comer, y cuando llegaron las primeras almas para escuchar la misa por sus difuntos, allí seguía ella impertérrita, acompañando la fría lápida. Terminó la misa, se fue la gente, empezó hacer frío, a ponerse el sol, y sólo cuando el guarda fue avisarle que tenía que cerrar, se despidió dando un beso a la fría lápida y se marchó.
Por favor...
A la derecha, sitúense a la derecha en las escaleras mecánicas, si van a quedarse quietos, y dejen libre el lado izquierdo para los que vamos con prisa, o simplemente nos gusta subir andando las escaleras.
Muchas gracias.
domingo, 31 de octubre de 2010
Por favor dejen salir antes de entrar
Reza en las puertas de los vagones del metro, también en las pantallas del anden que indican el tiempo que va a tardar en venir el siguiente metro. Yo tengo la manía de salir de los ultimos del vagón, a no ser que tenga muchísima prisa, y practicamente todos los días me cruzo con alguno intentando entrar cuando todavía no he terminado de salir, o incluso intentando entrar desde que se abren las puertas, o cuando no soy la única por salir. Lo cual confirma mi teoría "la gente no lee", aunque vayan con libros pesadisimos o toda la prensa gratuita. O bien existen otras razones, que la gente no saber leer, lo cual es bastante preocupante, o bien que es la forma de trasgredir las normas, son unos rebeldes, o no les interesa el mundo alrededor, no tienen consciencia de vivir en sociedad.
Pequeñas cotidianidades que me irritan, con las que hay que aprender a vivir, respirar hondo, y esperar que la próxima vez sean ellos los que aprehendan.
lunes, 25 de octubre de 2010
Valentina ***
Cuando las lágrimas le dejaron ver, pudo empezar a guardar su vida en cajas, intentando que las lágrimas no volvieran a cegarle y le dejaran terminar de embalar sus últimos cinco años y reducirlos a unas cuantas cajas, quince, para ser exactos.
Pero de eso ya no se acordaba, poco a poco fue haciéndose otros hábitos, se fue a otra casita, muy pequeñita para ella sola, se compró unas sábanas nuevas, una colcha nueva, una mantita nueva, unos cojines nuevos y coloridos que le dieran alegría, desenrolló antiguas láminas que había ido comprando en sus viajes y nunca utilizó, algunos recuerdos de su juventud y adolescencia los fue colgando en estratégicos sitios, y así poco a poco se fue haciendo un nuevo espacio, su espacio, para ella sola sin compartir, y dejó de añorar su antiguo espacio al que había alimentado durante cinco años.
Al principio no tenía ni ganas de salir, tampoco sabía con quién hacerlo, se estaba acostumbrando a su nueva vida, y todavía muchas noches se limpiaba el alma.
El primer día que llegó a esta nueva casita, cuando se quedó sola con sus quince cajas alrededor, buscó la ventana, se asomó, y unas lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas, producto de la añoranza, la tristeza, la alegría, y la esperanza.
sábado, 23 de octubre de 2010
Malatia
El cáncer es una puta que se come las entrañas, sin pedir permiso, además entrando por la puerta de atrás, y cuando quieres darte cuenta lo único que ha dejado es un pozo de tristeza alrededor.
Arrrggg!!!!
Cómo es posible que a estas alturas del otoño, cuando apenas hace calor, cuando empezamos a sacar las mangas largas y los jerseys gordos, los abrigos, medias, calcetines, botas y demás enseres invernales para taparnos del frío otoñal que ya anda por aquí, y queden moscas, mosquitos y moscones deambuelando alrededor nuestro, dando vueltas sin ton ni son, mientras intento distraerme y relajarme leyendo. Ays!!!! Que se vaya!!!! O que al menos se pare!!!! Voy a intentar echarla, por segunda vez, si no lo consigo una de dos, o la mato a ella o me mato a mi!!!!!
martes, 19 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
Este verano...
Este verano, mis pies no se han mojado en el mar. Pero han subido pedruscos y montañas enfundados y protegidos por estas amarillitas alpargatas.
martes, 12 de octubre de 2010
Sólo una cosa
Después de pasar la noche entera bailando, haciendo equilibrios subida en los tacones nuevos, botines de cuña para ser más exacta, llegar a casa arrastrando los pies cuando empezaba a despuntar el sol, y quitarme los susodichos botines, entonces y sólo entonces, creí estar en el paraíso.
domingo, 10 de octubre de 2010
Ventana 12
Hacía calor, el verano iniciaba su curso, la luz entraba a raudales, la sombra de los árboles refrescaba el ambiente, aquí en el Real Sitio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


